Ir al contenido principal

Melquíades Álvarez, adelantado de la democracia

Columna de Fernando Maura, publicada en El Comercio, el 25 de junio de 2023

Foxá describe cómo un miliciano arrojaba su ligero cadáver a una camioneta: «Este pesa menos». No era consciente aquel bárbaro de que la levedad física no tiene por qué corresponderse con la calidad humana y la solidez intelectual. La de un hombre que predicó y ejerció la concordia, tan necesaria entonces como ahora

Se cumple estos días el centenario de la efímera presidencia en el Congreso de los Diputados de Melquíades Álvarez, en la que al político reformista le correspondió cumplir la incómoda tarea de recordar al Rey Alfonso XIII su obligación constitucional de convocar elecciones, desalojando así del poder al Directorio militar del general Primo de Rivera. Acometieron esta encomienda don Melquíades y el presidente del Senado, Conde de Romanones —próximo y aún amigo del monarca—. Cuentan los cronistas de la época que el Rey despachó con acritud a tan alta representación institucional, lo hizo de pie y sin la amabilidad y cercanía que el personaje demostraba generalmente.

Concluida la dictadura de Primo, sería llamado don Melquíades a Palacio para ver si era factible contar con él como una salida al monumental embrollo en el que se encontraba el país. El político asturiano reclamaría entonces la convocatoria de Cortes Constituyentes, único procedimiento para conectar lo que restaba de una ley fundamental transgredida −la de 1876− con una nueva que quizás pudiera cohonestar la monarquía con la democracia liberal, y seguramente mediando abdicación de Don Alfonso. Sometido a la consideración del Rey el Kobierno que Álvarez había pergeñado, Alfonso XIII le respondería con evasivas. Debió parecerle al abogado gijonés una pantomima esa reunión, de modo que salió de la misma declarando:

«Con este hombre −con el Rey− es imposible hacer nada…».

Pedía en esa ocasión Álvarez unas Cortes Constituyentes, pero su idea de una reforma de la Carta Magna para adecuarla a las necesidades del país había estado muy presente a lo largo de toda su vida política:

«Revisión constitucional necesaria... −reclamaría−. Tengo el convencimiento, abrigo la seguridad, de que, al reformar la Constitución, el país va a proclamar que la garantía, en este momento, de paz, es la monarquía. La monarquía se consolidará; la monarquía tendrá carácter nacional».

El fracaso de esa gestión cerca del Rey conduciría a don Melquíades (de nuevo) a abrazar la causa del republicanismo, formando parte −junto con la inmensa mayoría de los políticos que procedían del régimen de la Restauración− de las fuerzas de derecha del nuevo orden (¿desorden?) constitucional. Caso similar a dirigentes que procedían del régimen anterior, como Alcalá Zamora, Santiago Alba, Miguel Maura o Ángel Ossorio. Tendría entonces el político asturiano la pretensión de acercar la CEDA de Gil Robles a la República, desmontando así la ambigüedad que en ese punto reinaba en sus filas y dirigentes.

No sería de extrañar que el giro de los acontecimientos pusiera a un Álvarez, que había militado en la izquierda restauracionista, en la derecha republicana. No en vano, para el abogado y político, «la democracia en España tenía que ser conservadora, de lo contrario sería el más eficaz agente de la tiranía».

Porque Álvarez había sido un entusiasta federal en su juventud, pero a los 40 años ya postularía −como don Antonio Maura− la autonomía municipal.

Debieron de ser tan enardecidos esos ímpetus juveniles que, en frase atribuida a don Antonio Maura, el político de origen mallorquín llegaría a decir de él: «Este hombre viene directo al cajón del pan». Era en el año 1898, y se pretendió entonces que el Congreso anulara el acta que el gijonés había obtenido.

Tendría seguramente sus razones don Antonio en desconfiar de los ardores reformistas del gijonés, pero está claro que Álvarez no era −no podría serlo− un revolucionario. Y no sólo porque fuera un adalid del reformismo y que bautizara a su partido con ese nombre, sino porque era consciente de la dificultad constructiva de cualesquiera tareas humanas −además de que más tarde comprendería también la enorme facilidad con la que se destruyen−. En el Mensaje de la Corona de 1907, diría el abogado asturiano a Salmerón: «El egoísmo podrá ser, y ha sido, señor Salmerón, a veces, en la historia, la razón del Estado; podrá ser también hasta la fuerza que crea el derecho, como dice Ihering, pero no puede ser ni ha sido nunca la base de la nacionalidad, que se funda precisamente sobre el sacrificio».

Transfería así don Melquíades a la nación su propia experiencia personal, porque la causa de lo que Álvarez llegaría a ser radicaba justamente en la abnegación, en el sacrificio. El gijonés se había hecho a sí mismo, procedente de una familia humilde, encontraría un benefactor anónimo que le costeaba sus estudios y le situaba en la senda del mérito obtenido a través del esfuerzo personal. De este modo, don Melquíades llegaría a la cumbre en los cuatro ámbitos en los que merece ser recordado −y homenajeado−: el del ejercicio de la abogacía, el de la oratoria −le llamaban ‘el pico de oro’−, el de su tenaz trabajo por la reforma de las instituciones y de la vida pública, y −por último, pero no por ello menos importante−, el de la honestidad personal.

Al cabo, la reforma resulta inherente a la política, a la política buena. La mala política, la que apela a los bajos instintos, como la venganza, el victimismo, el odio… y que cuenta con la invariable compañía del sectarismo, no forma parte de la política, sino de su contraria. La división, el populismo, la negación del contrario podrán ser revolucionarias, pero no consiguen construir nada que merezca la pena ser conservado. Y el triste final de la vida de don Melquíades es un testimonio muy revelador de lo que significa una perversa manera de entender la política. Muy pocas fechas después del 18 de julio de 1936, sería detenido y conducido a la cárcel Modelo de Madrid; donde en la noche del 22 al 23 de agosto de ese mismo año, se produciría la ejecución del tribuno parlamentario, previa una farsa de juicio: un asesinato más, éste perpetrado por las hordas populares.

Se dice que Azaña −que en su juventud había militado en el partido liderado por Álvarez− pasaría unas muy amargas horas, y albergaría la intención de dimitir ante la demostrada incapacidad de mantener siquiera un mínimo atisbo de orden y de control de la situación.

En su libro, ‘Madrid, de corte a checa’, Agustín de Foxá describe cómo un miliciano arrojaba su ligero cadáver a una camioneta cualquiera: «Éste pesa menos», diría. No era consciente seguramente aquel bárbaro de que la levedad física no tiene porqué corresponderse con la calidad humana y la solidez intelectual. La de un hombre que predicó y ejercitó la concordia, tan necesaria entonces como en los tiempos que corren.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El centenario del Estatuto Municipal

  El centenario del Estatuto Municipal OPINIÓN LEOPOLDO CALVO-SOTELO IBÁÑEZ-MARTÍN  Marqués de la Ría de Ribadeo 08 Mar 2024 . Actualizado a las 05:00 h.       Comentar Se cumplen hoy cien años del  Estatuto Municipal , que el rey Alfonso XIII sancionó mediante real decreto de 8 de marzo de 1924, y que se debió principalmente a un entonces muy joven  José Calvo Sotelo , director general de Administración Local en el Gobierno del general Primo de Rivera. El Estatuto Municipal vino a revolucionar el régimen local español, que ha vivido desde entonces al amparo de sus principios. Hasta la ley del 27 de diciembre del 2013, de racionalización y sostenibilidad de la  Administración Local , no empezaron a frenarse algunas de las inercias expansivas del gobierno municipal iniciadas en 1924.   Pues bien, si el origen ideológico del Estatuto Municipal es indiscutiblemente el regeneracionismo maurista, no es exagerado decir que su origen territorial fue...

Entre el programa máximo y el programa mínimo, o cien años de socialismo en España.- Luis Arranz Notario. Universidad Complutense

[en Antonio Morales Moya (coordinador), Las claves de la España del siglo XX. Tomo IV. Ideologías y movimientos políticos, Madrid, Sociedad estatal España nuevo milenio, 2001, págs. 163-185 Liberalismo, democratización y socialismo El punto de vista desde el cual me propongo analizar algunos de los rasgos que entiendo más sobresalientes de la trayectoria ampliamente centenaria del socialismo español es el de su papel en la implantación de una democracia constitucional en España. Está claro que este objetivo no vertebró coherente y sustancialmente la política de los socialistas hasta 1976, al menos si se atiende al momento en que volvieron a tener influencia de peso en la política española tras la derrota de la Guerra civil. Hasta 1939 en todo caso, los socialistas representaron, sobre todo, una tradición obrerista y revolucionaria, basada en la doctrina marxista, a la que la competencia y el enfrentamiento con las tendencias obreras rivales, la anarquista y la comunista, pero también c...

¿Ceuta por Gibraltar?

  No sé muy bien si en estos turbulentos momentos en los que asistimos a grandes mudanzas resultará o no conveniente revisitar la historia y reflejar cómo en ésta los desatinos y las ocurrencias pueblan sus recovecos de tal manera que los de hogaño se dirían pálidos reflejos de los de antaño. Y no lo sé también porque las ideas "geniales" alimentan a los más diversos personajes dispuestos a frotar la lámpara por ver si la aparición de algún geniecillo le aporte mercancía suficiente para evadir del escrutinio público al que se aplica a tareas semejantes, y generar así la cortina de humo correspondiente. No se trata de proporcionar munición al contrario, en suma. Pero tampoco está de más recuperar para nuestra memoria -dicho sea sin adjudicarla calificativos que la conviertan en arma arrojadiza- algún acontecimiento que nos demuestre que frivolidad e irresponsabilidad constituyen un par del que no resulta ayuna nuestra historia.  Me refiero ahora a lo que contaba don Santia...